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La primera vez que vi de cerca una epítesis CAP de B-Care no fue en una tienda ni en una feria. Fue sobre una mesa de reuniones en la sede de CEIN, en Navarra, donde Marijose me había citado para contarme a qué se dedican. Le tengo cogida la matrícula a la palabra hiperrealista, que en este oficio suele anunciar lo contrario de lo que promete.
Para quien no la conozca, la epítesis CAP de B-Care es una prótesis externa del pezón y la areola, de silicona médica, que se pega sola y se coloca tras una mastectomía sin pasar por quirófano. Marijose me dijo que se adhería a la piel sin una gota de pegamento y puse la cara que pongo siempre que alguien me vende magia. Se me borró en la demostración. Esa mañana grabé dos vídeos, y lo digo porque casi todo lo que leerás sale de ahí: en uno me explican el origen de la empresa y el problema que querían resolver, y el otro recoge la prueba en crudo.
Para entender el producto hay que mirar antes el agujero que pretende tapar, y es más hondo de lo que parece. La Sociedad Española de Oncología Médica cifra en más de 38.000 los diagnósticos anuales de cáncer de mama en España. Alrededor del 30% de esas mujeres acaban en una mastectomía, y menos del 20% terminan reconstruyéndose el pecho.
A lo largo de la vida, lo desarrollará en torno a 1 de cada 8 mujeres, según la AECC. Muchas pasan por una mastectomía, y ahí arranca un recorrido que rara vez se cuenta entero.
El proceso tiene dos fases que la gente no suele distinguir. La primera devuelve el volumen, con implante o con colgajo, y es la más conocida. La segunda recrea el pezón y la areola, transforma ese volumen en un pecho de aspecto completo, y es la que se queda rezagada una y otra vez.
Apenas el 40% de las reconstrucciones de mama se hacen a la vez que la mastectomía. El otro 60% se aplaza, porque hay que pasar quimioterapia o radioterapia y esperar a que la piel y el músculo aguanten otra operación. Y todavía falta: recuperarse de la reconstrucción del pecho lleva de seis meses a más de un año antes de poder afrontar el último paso. Durante todo ese tiempo, la persona se mira un pecho sin terminar, y ese pezón que falta golpea de lleno en la autoestima y en el día a día.
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Esta es la cifra que define el producto, y casi la única que importa de verdad. Las dos vías clásicas para rehacer el pezón, la cirugía con colgajo y la micropigmentación, son invasivas y exigen la piel ya cicatrizada, así que empujan la espera otros seis meses o un año largo.
La epítesis CAP de B-Care se coloca en cuanto se retiran los puntos, unos diez a quince días después de la intervención. Pasar de año y medio a un par de semanas es lo que hace que el invento tenga sentido. No pelea contra la cirugía ni contra el tatuaje. Se mete en el tiempo muerto donde antes no había nada, sin quirófano, sin lista de espera y sin gastar un recurso del hospital.
B-Care es la marca de epítesis de Bellezón, una empresa del grupo BZN Tech. Lo primero que entendí en el vídeo es que la gracia no está en el material, porque la silicona se usa en prótesis desde hace décadas. El truco está en cómo se queda pegada y en cómo replican un pezón que parezca de carne.
Las prótesis externas se han fijado siempre con pegamentos, cintas o imanes, y todos esos apaños irritan la piel que tienen debajo. Sobre una cicatriz reciente, eso es un problema gordo. Bellezón ha conseguido una silicona de grado médico que se adhiere por sí sola, sin productos añadidos ni disolventes para quitarla. Agarra por contacto, resiste el agua y el roce, y de regalo hace de barrera frente al sol en una zona que viene tocada por los tratamientos.
Lo que me dejó pensando fue la trastienda. La empresa tira de tecnología propia asistida por inteligencia artificial, con microfotogrametría, colorimetría correctiva e impresión 3D de moldes, para reproducir el pezón y su areola con textura, color y relieve. Los modelos de catálogo nacen de huellas reales donadas por mujeres a través del movimiento Dona tu Pezón. En el fondo, fabricación digital y medicina personalizada aplicadas a algo tan particular como un pezón.
Sobre la mesa, cada epítesis llevaba el nombre de una figura histórica. Marie Curie, Hipatia, Ada Lovelace, Clara Campoamor, Simone de Beauvoir, Cleopatra, Mary Jayne Gold y un modelo masculino, Marco Polo.
Lo tomé por una ocurrencia publicitaria hasta que caí en lo que significa. Cuando vendes la pieza que devuelve a alguien la sensación de estar completa después de un cáncer, llamarla Clara Campoamor es una manera de decir que ahí hay respeto y no un parche de saldo.
Aquí dejé de tomar notas, porque lo interesante había que verlo. Marijose apoyó una epítesis sobre el antebrazo, apretó dos segundos y la soltó. Movió el brazo, lo giró, lo zarandeó, y la pieza seguía pegada, sin despegarse por los bordes, que es donde las prótesis con cola te dejan tirada a las primeras de cambio.
Luego tiró despacio y salió limpia, sin residuo y sin el tirón del esparadrapo. La recolocó igual de bien y repitió el gesto para que la cámara lo cazara. Lo que en la mesa parecía un truco de feria es, en la ficha, una elongación del material por encima del 600% y una adherencia de 2,8 newton por cada 2,5 centímetros cuadrados.
B-Care se vende de dos formas, y vale la pena saberlo antes de pisar el punto de venta. La gama de catálogo son ocho modelos hiperrealistas en cinco tonalidades de piel y varios tamaños de areola, pensados sobre todo para dobles mastectomías, aunque valen para una sola y para colocarse sobre una prótesis de mama.
La otra opción es la epítesis personalizada, un modelo a medida que clona el pezón sano de la propia persona, con muchas más combinaciones de tono y diámetro. Tomar la huella lleva tres minutos, no duele y puede hacerse incluso antes de operarse, de forma preventiva, para guardar una réplica fiel en el llamado Banco de Huellas. Nada de esto se compra a ciegas por internet: se gestiona en ortopedias y centros con asesoramiento especializado tras un cáncer de mama.
La comparación que maneja el fabricante cuadra con lo que se ve en el mercado, y la dejo tal cual, advirtiendo de que el coste de cirugía y micropigmentación baila según el centro.
| Opción | Cuándo se puede usar | Respeto a la piel | Precio orientativo | Apariencia |
|---|---|---|---|---|
| Epítesis CAP B-Care | 10-15 días tras la reconstrucción, al retirar la sutura | Sin cirugía ni pegamentos agresivos | 110-150 € por unidad | Textura, color y volumen realistas |
| Reconstrucción quirúrgica | 10-12 meses tras la reconstrucción | Invasiva, injerto de tejido | Más de 1.500-3.500 € | Se reabsorbe en 2-3 años y necesita micropigmentación para el color |
| Micropigmentación | 6-8 meses tras la reconstrucción | Invasiva, tinta con varias sesiones | Más de 250-500 € por sesión | Sin volumen, color que se va en 2-4 años |
| Otras epítesis CAP | 6-8 meses tras la reconstrucción | Con pegamentos y disolventes, muchas sin certificar | Más de 250 € | Realista, pero dura con la piel |
El detalle que la separa de las epítesis rivales está en esa columna del respeto a la piel. Las demás piezas hiperrealistas necesitan adhesivo para sujetarse y disolvente para soltarse, agreden la zona y, como la cirugía, obligan a esperar a que la piel esté ya recuperada. La autoadhesión rompe esa cadena de esperas.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Clasificación | Producto sanitario, dispositivo médico de clase I |
| Material | Elastómero de polisiloxano con silicona de grado médico de alta pureza |
| Adhesión | Intrínseca al material, sin pegamento ni disolventes |
| Elongación | Por encima del 600%, se adapta al movimiento |
| Resistencia | Agua, roce y rayos UV |
| Vida útil | Unos 6 meses con buen mantenimiento |
| Mantenimiento | Agua y jabón neutro, reutilizable |
| Dimensiones máximas | Hasta 4,5 cm de diámetro y 1 cm de altura |
| Precio orientativo | 110-150 € por unidad |
Antes de la visita habría jurado que un pezón postizo era un detalle sin importancia. Me habría columpiado. La recuperación tras una mastectomía se juega en gran parte en la imagen corporal, y no lo digo de oído: un trabajo de Anales del Sistema Sanitario de Navarra relaciona el rechazo de la propia imagen con cuadros depresivos y con un autoconcepto por los suelos.
El argumento de la empresa encaja con eso. Recobrar la imagen a los diez días, en vez de aguantar meses, evita esa sensación de obra a medio acabar y ayuda al cierre emocional del proceso.
Ahora bien, hay que cogerlo por donde es. Es una mejora del bienestar percibido, no un tratamiento clínico con resultados firmados. Para esa parte están el equipo médico y entidades como la Asociación Española Contra el Cáncer.
Vamos con la parte que ningún flyer pone en grande. Hablamos de una solución externa y estética. No recupera sensibilidad, no devuelve función ni rehace la mama.
Y caduca. La vida útil ronda los seis meses porque el uso diario desgasta el acabado, de modo que se convierte en un gasto recurrente, con renovación cada cierto tiempo. A 110-150 euros la pieza sale baratísima frente a un quirófano, pero ni es gratis ni es para siempre.
La piel también tiene la última palabra. Aunque sea biocompatible, hipoalergénica y apta para pieles delicadas, el propio fabricante avisa de que no va sobre heridas abiertas, piel ulcerada o tejido sin cicatrizar. A la mínima irritación toca retirarla y consultar.
Me queda unaduda detrás de la oreja con el Banco de Huellas. Guardar la réplica del pezón de una persona es manejar un dato biométrico de lo más íntimo. El servicio es voluntario y está pensado para el beneficio de la propia paciente, pero cualquier almacén de ese tipo pide transparencia sobre quién custodia la huella y cuánto tiempo la guarda. Es la pregunta que yo haría antes de entregar un molde de mi cuerpo.
Hay un papeleo que en un producto sanitario lo cambia todo. La epítesis CAP es un dispositivo médico de clase I con marcado CE bajo el reglamento europeo de productos sanitarios, fabricado conforme a la norma ISO 13485 y con ensayos de biocompatibilidad ISO 10993 de citotoxicidad e irritación dérmica. El acabado lleva certificación Skin Safe y la empresa declara un modelo de utilidad registrado.
Lo destaco porque el mercado de epítesis hiperrealistas está plagado de piezas sin certificar que se despachan por internet. La distancia entre un dispositivo médico validado y un adorno de silicona traído de cualquier sitio es enorme cuando lo que vas a pegar es una cicatriz oncológica.
La tecnología funciona, y lo vi sobre un antebrazo sin postproducción. Casar silicona autoadhesiva, microfotogrametría e impresión 3D para resolver algo que casi todo el mundo despacha como menor me parece de un mérito que pocos le reconocen.
Dicho lo cual, no perdamos el norte. Esto devuelve una imagen y recorta una espera angustiosa, que ya es bastante, pero lo demás, lo físico definitivo y lo emocional, sigue siendo largo y muy humano. Quien la entienda como un puente hacia la reconstrucción definitiva le sacará un rendimiento enorme.
Me marché del encuentro con una idea fija sobre este tipo de soluciones. La batalla que de verdad cambiaría la vida de muchas mujeres es la de meter esto en la cartera del sistema público, para que deje de salir del bolsillo de cada paciente. Si te interesa cómo la tecnología se mete en el cuerpo para repararlo o aumentarlo, le dediqué un repaso completo al exoesqueleto HELK de Gogoa, de la misma familia de cacharros que pruebo en Extensión Corporal.
Es una prótesis externa del pezón y la areola, fabricada en silicona de grado médico, autoadhesiva y reutilizable. Se coloca sobre la piel sin cirugía a los diez o quince días de la mastectomía, en cuanto se retiran los puntos, y reproduce textura, color y volumen reales del complejo areola-pezón.
A diferencia de una prótesis de mama, no aporta volumen al pecho ni reconstruye tejido: su trabajo es devolver la imagen del pezón durante o después de la reconstrucción. Es un dispositivo médico de clase I con marcado CE.
En cuanto la cicatriz está cerrada y sin puntos, algo que ocurre unos diez a quince días después de la cirugía de implante o expansor.
Esa rapidez la distingue de la cirugía del pezón y de la micropigmentación, que al ser invasivas piden la piel curada del todo y disparan la espera más allá del medio año. Aquí adelantas la imagen del pezón a las dos semanas.
¿Es segura para una piel delicada y recién operada?
Es un dispositivo de clase I, biocompatible e hipoalergénico, testado para contacto prolongado y apto para pieles sensibles siempre que la cicatriz esté cerrada.
No se pone sobre heridas abiertas, piel ulcerada, zonas infectadas o tejido aún sin cicatrizar, y a la primera señal de irritación lo correcto es quitarla y preguntar al médico. La última palabra la tiene el equipo que lleva tu reconstrucción.
Sí. El material aguanta el agua y el roce mientras está bien fijado, así que valen la ducha, la piscina, el mar y el ejercicio.
Su agarre no depende de un pegamento que se gasta, sino de una propiedad de la silicona, de manera que no se afloja con el uso. Un lavado con agua y jabón neutro reactiva la adhesión.
La micropigmentación tatúa color sobre la piel reconstruida, no da volumen y su pigmento se reabsorbe con los años. La epítesis aporta textura, color y relieve, y la pones y la quitas a voluntad.
Las dos se llevan bien: la epítesis es compatible con una areola ya tatuada y le suma el volumen que el tatuaje no tiene. Muchas mujeres usan la epítesis primero, durante la larga espera, y se plantean la micropigmentación más adelante.
La vida útil ronda los seis meses con buen cuidado, porque el uso diario desgasta el acabado, y el precio se mueve entre 110 y 150 euros la unidad.
Es, de lejos, la opción más barata para reconstruir el pezón frente a la cirugía o el tatuaje. La pega es que se trata de un gasto que se repite al renovar la pieza, algo a sopesar si dudas entre una solución temporal y una permanente.